Hoy día 29 de Septiembre de 2010, España ha vivido una Huelga General a raíz de la política económica del Gobierno ante la presente crisis. Como era de esperar los datos sobre el seguimiento de la huelga difieren bastante, mientras los Sindicatos se congratulan con un 70% de seguimiento (a mi parecer una cifra excesiva y no del todo realista ya que muchos de los trabajadores que han sido contabilizados fueron obligados a dejar sus puestos de trabajo.) Por su parte el Gobierno no ha querido entrar en una guerra abierta de datos, lo que sí ha hecho ha sido dar datos de asistencia de funcionarios y trabajadores del sector del transporte, que han sido bastante inferiores con un 20% en el transporte y una media de un 8% en los funcionarios. La mayoría de los españoles estaban a favor de una Huelga, lo que ha evitado que muchos la secundasen ha sido el hecho de que la hayan convocado los Sindicatos, que tanto desprecio se ha ganado entre algunos grupos de trabajadores. Pero el punto negro del día lo ha puesto los piquetes que han dado un lamentable espectáculo, ya que han obligado a muchos comercios a cerrar, agrediendo a trabajadores que en su pleno derecho acudían a sus puestos de trabajo. Me parece vergonzoso la actitud irrespetuosa de estas personas, me parece genial que hagan Huelga, nadie les va a decir nada por ello, pero que no fastidien a la gente que quiere continuar yendo a sus puestos de trabajo. La imagen que están dando es de unos gamberros que se ensañan con los comercios débiles y con los trabajadores que nada pueden hacer contra un grupo de bestias, porque eso es lo que son. Y realmente me dan pena, porque en el momento que haces uso de la violencia pierdes toda la razón que pudieras tener por tus ideales. Una pena.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
lunes, 27 de septiembre de 2010
Doctor Mateo

Hoy os voy a hablar de Doctor Mateo, la serie que triunfa en Antena 3. La serie tiene una trama entretenida, con personajes desternillantes, en resumen, es profundamente divertida.
Mateo Sancristóbal es un afamado médico cardiobascular en Nueva York bastante insociable, cuando de pronto descubre que tiene fobia a la sangre debe dejar su magnífico trabajo y se traslada a San Martín del Sella (que en la realidad es Lastres, un bonito pueblo asturiano) ya que allí vivió sus veranos en la infancia junto con su tía Juana, una mujer con mucho carácter y una frutería donde vende fruta de su huerta ecológica. Allí conocerá a Adriana, una joven y preciosa profesora que sabrá ganarse el corazón de un hombre tan complicado como Mateo. Los personajes secundarios tienen mucho mérito ya que aportan humor y frescura. Es un pueblo variopinto donde te puedes encontrar desde Carol, la cotilla oficial del pueblo, que siempre se mete en todos los saraos y que tiene un programa en la radio del pueblo; hasta con Antonio, un hombre que tiene una profunda amistad con el Míguel, un extraterrestre venido de Saturno que sólo él puede ver, aunque el resto finjan verlo.
Los líos que se crean en el pueblo, sobre todo a raíz de la poca sociabilidad de Mateo te harán reír a carcajadas. Una serie altamente recomendable.
Mateo Sancristóbal es un afamado médico cardiobascular en Nueva York bastante insociable, cuando de pronto descubre que tiene fobia a la sangre debe dejar su magnífico trabajo y se traslada a San Martín del Sella (que en la realidad es Lastres, un bonito pueblo asturiano) ya que allí vivió sus veranos en la infancia junto con su tía Juana, una mujer con mucho carácter y una frutería donde vende fruta de su huerta ecológica. Allí conocerá a Adriana, una joven y preciosa profesora que sabrá ganarse el corazón de un hombre tan complicado como Mateo. Los personajes secundarios tienen mucho mérito ya que aportan humor y frescura. Es un pueblo variopinto donde te puedes encontrar desde Carol, la cotilla oficial del pueblo, que siempre se mete en todos los saraos y que tiene un programa en la radio del pueblo; hasta con Antonio, un hombre que tiene una profunda amistad con el Míguel, un extraterrestre venido de Saturno que sólo él puede ver, aunque el resto finjan verlo.
Los líos que se crean en el pueblo, sobre todo a raíz de la poca sociabilidad de Mateo te harán reír a carcajadas. Una serie altamente recomendable.
Las Hijas de la Luna- IV
Capítulo 4
Me noto nerviosa cuando me llevo la taza de leche a los labios. Mi tía también lo nota, ya que se para de su frenética actividad y me mira apoyada en la encimera.
-¿Ocurre algo Iara?-Niego con la cabeza, pero no soy muy convincente.- ¿Ocurre algo en clase? ¿Has discutido con Éren?
La miro sorprendida, no había pensado en Éren hasta ahora, quizás él también esté nerviosos, ayer estaba raro. Sigo pensando en ello cuando noto que mi tía Margot sigue mirándome esperando una respuesta, sacudo la cabeza antes de hablar.
-Han trasladado a la hermana de Éren al instituto.
-¡Eso es fabuloso!- dice a la par que se le iluminan los ojos y mueve los brazos sin parar, primero los cruza, luego los pone en sus caderas para finalmente dejarlos colgar.- Si quieres hago galletas y la invitas esta tarde a merendar.
Una respuesta cursi digan de tía Margot.
-No tía, no se va a convertir en mi “amiguita”- veo que se siente ofendida y me arrepiento de haberle hablado así.- Es la hermana de Éren.
-¡Oh cariño! Es sólo su hermana.- Veo que se acerca con gesto maternal y me atusa el pelo.- Si tu madre estuviese aquí seguro que se reiría.
Mi madre murió cuando yo nací, así que quedé al cuidado de mi tía soltera Margot, ya que de mi padre nunca se supo nada. Mi tía me cuenta que era un hombre atractivo con una sonrisa difícil de olvidar.
Salgo corriendo al autobús y para cuando llego al instituto estoy temblando. No sé de qué tengo tanto miedo, pero lo tengo. Dando pequeños pasos llego al fin a mi aula. De nuevo nadie está sentado, todos rodean a alguien. Éren está apoyado en la pizarra, cabizbajo, así que no dudo quién es. El círculo se abre, para dejar a la vista a la hermana de mi novio. Cruzamos una intensa mirada y sus ojos verdes se introducen en mi mente cual veneno, que me impide pensar. Y ahí está, mi sentido de peligro se activa de golpe, todos mis músculos se tensan y mi sangre fluye con fuerza hasta mis sienes, estoy dispuesta a saltar o a correr si es necesario. Pero nada ocurre, sólo que la profesora nos manda sentarnos. Obedezco automáticamente, pero la hermana de Éren ya ha apartado su mirada de mí. Estoy desconcertada. La profesora la presenta como Shyrell, no volvemos a cruzarnos en todo el día.
Hasta la salida. Mi amiga Gwen, como buena periodista y cotilla, se acerca a la hermana de Éren. Comienza con preguntas superficiales, para ir profundizando poco a poco.
-¿Qué te ha traído a este instituto?- pregunta Gwen, consultando su libreta y con el bolígrafo a punto para escribir la respuesta. Los ojos de Shyrell se oscurecen.
-Pues desde luego no la cotillas como tú, que viven de vidas ajenas porque no pueden vivir la suya. ¡O crees que tienes alguna posibilidad en la vida con esa facha que tienes!- dice con más crueldad de la que cabe esperar de alguien que no conoce de nada a Gwen, ha tocado sus puntos débiles. Mi amiga, que es rubia, con el pelo largo y siempre bien cuidado, con grandes ondulaciones, que tiene unos cálidos ojos castaños y que siempre será bajita y regordetita, baja la cara enrojecida, tratando de no llorar. Yo me adelanto y le abrazo con cariño, ella llora en mi hombro. Mientras Shyrell se aleja.
-¡Eh, tú!- bramo enfurecida. Se gira para mirarme. Noto que Éren se coloca a mi lado.- Sí tú, la que reparte crueldad gratuita a diestro y siniestro. ¿Quién te ha dado permiso para hablarle así a mi amiga, la que, por cierto, no te ha hecho nada?
- Acaso tengo que pedirte permiso para hablar con la ridícula de Gwendoline.- Dice con aires de superioridad, lo que sólo logra enervarme aún más.
-Te prohíbo que hables así de ella, tampoco hables con ella, la pobre no te ha hecho nada.- Noto que clava sus ojos verdosos en mí, y de nuevo noto la ponzoña que entra en mi mente y no me deja pensar con claridad.
-Haré lo que me plazca.- Juraría que sus palabras han sonado también en mi mente. Ya se está alejando cuando logro recuperar el control sobre mis pensamientos.
-¿Quién eres tú para hablarme así?- se gira y hace un leve gesto con la cabeza. Éren se aleja de mi lado y va hacia ella. He captado el mensaje. Abrazo a Gwen con más fuerza mientras trato de no ponerme a gritar en medio de la calle, de no ir a buscar a esa malvada chica y arrancarle los pelos uno a uno, pero consigo mantener la calma, por Gwen.
Sólo cuando llego a casa me permito dar rienda suelta a mi enfado y golpeo con fuerza la mesa de la cocina. Mi tía, asustada, viene corriendo del salón, con las gafas de ver la televisión mal colocadas sobre su aguileña nariz. Le cuento todo lo sucedido con la arpía de Shyrell. Ella me mira con comprensión mientras me prepara unos filetes, los engullo rápidamente y me voy a la cama.
Antes de dormirme pienso en Shyrell y en su perversa forma de tratar a la gente, y, lo que más me preocupa, de controlar a su hermano. Es ese sentimiento el que me acompaña al dormirme.
Cuando me despierto es algo más pronto de lo normal. Me visto sin prisas. Noto en mi interior el enfado de Iara y deduzco que hoy no será un buen día. Llaman a la puerta y pasa un mensajero, informando de que la regente me espera en la sala de tácticas. Es muy pronto incluso para ella. Eso sólo hace que se confirmen mis sospechas de que hoy es un mal día.
Me noto nerviosa cuando me llevo la taza de leche a los labios. Mi tía también lo nota, ya que se para de su frenética actividad y me mira apoyada en la encimera.
-¿Ocurre algo Iara?-Niego con la cabeza, pero no soy muy convincente.- ¿Ocurre algo en clase? ¿Has discutido con Éren?
La miro sorprendida, no había pensado en Éren hasta ahora, quizás él también esté nerviosos, ayer estaba raro. Sigo pensando en ello cuando noto que mi tía Margot sigue mirándome esperando una respuesta, sacudo la cabeza antes de hablar.
-Han trasladado a la hermana de Éren al instituto.
-¡Eso es fabuloso!- dice a la par que se le iluminan los ojos y mueve los brazos sin parar, primero los cruza, luego los pone en sus caderas para finalmente dejarlos colgar.- Si quieres hago galletas y la invitas esta tarde a merendar.
Una respuesta cursi digan de tía Margot.
-No tía, no se va a convertir en mi “amiguita”- veo que se siente ofendida y me arrepiento de haberle hablado así.- Es la hermana de Éren.
-¡Oh cariño! Es sólo su hermana.- Veo que se acerca con gesto maternal y me atusa el pelo.- Si tu madre estuviese aquí seguro que se reiría.
Mi madre murió cuando yo nací, así que quedé al cuidado de mi tía soltera Margot, ya que de mi padre nunca se supo nada. Mi tía me cuenta que era un hombre atractivo con una sonrisa difícil de olvidar.
Salgo corriendo al autobús y para cuando llego al instituto estoy temblando. No sé de qué tengo tanto miedo, pero lo tengo. Dando pequeños pasos llego al fin a mi aula. De nuevo nadie está sentado, todos rodean a alguien. Éren está apoyado en la pizarra, cabizbajo, así que no dudo quién es. El círculo se abre, para dejar a la vista a la hermana de mi novio. Cruzamos una intensa mirada y sus ojos verdes se introducen en mi mente cual veneno, que me impide pensar. Y ahí está, mi sentido de peligro se activa de golpe, todos mis músculos se tensan y mi sangre fluye con fuerza hasta mis sienes, estoy dispuesta a saltar o a correr si es necesario. Pero nada ocurre, sólo que la profesora nos manda sentarnos. Obedezco automáticamente, pero la hermana de Éren ya ha apartado su mirada de mí. Estoy desconcertada. La profesora la presenta como Shyrell, no volvemos a cruzarnos en todo el día.
Hasta la salida. Mi amiga Gwen, como buena periodista y cotilla, se acerca a la hermana de Éren. Comienza con preguntas superficiales, para ir profundizando poco a poco.
-¿Qué te ha traído a este instituto?- pregunta Gwen, consultando su libreta y con el bolígrafo a punto para escribir la respuesta. Los ojos de Shyrell se oscurecen.
-Pues desde luego no la cotillas como tú, que viven de vidas ajenas porque no pueden vivir la suya. ¡O crees que tienes alguna posibilidad en la vida con esa facha que tienes!- dice con más crueldad de la que cabe esperar de alguien que no conoce de nada a Gwen, ha tocado sus puntos débiles. Mi amiga, que es rubia, con el pelo largo y siempre bien cuidado, con grandes ondulaciones, que tiene unos cálidos ojos castaños y que siempre será bajita y regordetita, baja la cara enrojecida, tratando de no llorar. Yo me adelanto y le abrazo con cariño, ella llora en mi hombro. Mientras Shyrell se aleja.
-¡Eh, tú!- bramo enfurecida. Se gira para mirarme. Noto que Éren se coloca a mi lado.- Sí tú, la que reparte crueldad gratuita a diestro y siniestro. ¿Quién te ha dado permiso para hablarle así a mi amiga, la que, por cierto, no te ha hecho nada?
- Acaso tengo que pedirte permiso para hablar con la ridícula de Gwendoline.- Dice con aires de superioridad, lo que sólo logra enervarme aún más.
-Te prohíbo que hables así de ella, tampoco hables con ella, la pobre no te ha hecho nada.- Noto que clava sus ojos verdosos en mí, y de nuevo noto la ponzoña que entra en mi mente y no me deja pensar con claridad.
-Haré lo que me plazca.- Juraría que sus palabras han sonado también en mi mente. Ya se está alejando cuando logro recuperar el control sobre mis pensamientos.
-¿Quién eres tú para hablarme así?- se gira y hace un leve gesto con la cabeza. Éren se aleja de mi lado y va hacia ella. He captado el mensaje. Abrazo a Gwen con más fuerza mientras trato de no ponerme a gritar en medio de la calle, de no ir a buscar a esa malvada chica y arrancarle los pelos uno a uno, pero consigo mantener la calma, por Gwen.
Sólo cuando llego a casa me permito dar rienda suelta a mi enfado y golpeo con fuerza la mesa de la cocina. Mi tía, asustada, viene corriendo del salón, con las gafas de ver la televisión mal colocadas sobre su aguileña nariz. Le cuento todo lo sucedido con la arpía de Shyrell. Ella me mira con comprensión mientras me prepara unos filetes, los engullo rápidamente y me voy a la cama.
Antes de dormirme pienso en Shyrell y en su perversa forma de tratar a la gente, y, lo que más me preocupa, de controlar a su hermano. Es ese sentimiento el que me acompaña al dormirme.
Cuando me despierto es algo más pronto de lo normal. Me visto sin prisas. Noto en mi interior el enfado de Iara y deduzco que hoy no será un buen día. Llaman a la puerta y pasa un mensajero, informando de que la regente me espera en la sala de tácticas. Es muy pronto incluso para ella. Eso sólo hace que se confirmen mis sospechas de que hoy es un mal día.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Cada siete olas

La esperada continuación de "Contra el viento del norte", el libro que ha levantado pasiones por toda Europa llegará a las librerías españolas en noviembre de la mano de la editorial Alfaguara.
La nueva historia promete. Leo volverá tras menos de un año en América, Emmi y él se darán cuenta de que sus sentimientos no han cambiado, pero ahora todo se complica ya que él ha empezado una nueva relación y ella sigue casada. ¿Podrán al fin conocerse en persona? Esperaremos con ansia la continuación de este libro. Si os parece interesante pero no os habéis leído el primero hay un post anterior con la ficha de "Contra el viento del norte" un libro que sin duda os recomiendo.
La portada que os he puesto es la alemana, ya que aún no está la española.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Las Hijas de la Luna- III
Capítulo 3
Salgo de la tienda con un sonoro bostezo, que hace que todos mis hombres se giren a mirarme, incluido el prisionero. Le lanzo una mirada de desdén y me acerco al puchero donde se calienta alguna especie de caldo. Trago con desgana sin dejar de mirar al joven prisionero, que es interrogado por Garel. Observo todos sus movimientos, sus gestos, sus palabras. Dejo el cuenco a un lado y me acerco a él, me pongo de cuclillas, ya que está sentado en el suelo, sonrío amablemente.
-Así que el príncipe Alec.
-Príncipe Alec de Forald- afirma. Miro a Garel sonriéndole.
-Mira que suerte hemos tenido Garel, destruimos un campamento entero y casualmente salvamos a un príncipe.- comento con sorna, el prisionero lo nota y sus facciones pasan a estar a la defensiva.- ¿Qué nos podría interesar a nosotros de Forald?- cavilo en alto. Veo como el prisionero piensa algo rápidamente.
-Oro- una respuesta demasiado sencilla y común, pienso. Me pongo en pie y comienzo a lavar el cuenco que he usado. Tanto Garel como Alec me miran intrigados.
-Tengo oro- mascullo lo suficientemente alto para que el chico lo oiga.- Pero hay tiempo suficiente de aquí a casa para pensar en algo que me gustaría de Forald.
La verdad es que los caballos que encontramos en el campamento nos ayudaran a aligerar la marcha, probablemente esta tarde ya estemos en casa. Mando recoger el campamento y ordeno a Garel supervisor oficial del prisionero, cosa que no le hace ninguna gracia, pero agacha la cabeza, sumiso. Una vez está todo listo partimos hacia el castillo. Doy instrucciones a Saskia, mi guerrera más veloz y mejor jinete, de que informe a la Regente de Kniss de que llegaremos esta noche, con suerte podremos cenar en abundancia. Nos ponemos en marcha de inmediato. Me gusta cabalgar, notar el caballo bajo mi cuerpo me relaja, pero a la vez me hace sentir viva. Todos mis hombres parecen cansados, pero se les ilumina la mirada sólo de pensar en volver a casa. A sido una salida breve, pero todos tienen familias a las que echar en falta. Observo sus rostros, conozco cada uno a la perfección y no dudaría en dejar mi vida en manos de ninguno de ellos. Pero uno es más especial que los demás, Garel marcha con gesto orgulloso y desafiante. Me acerco a él sonriendo, cosa que hace que me mire indignado.
-¿Da mucha guerra nuestro principito?- Comento. Alec nos mira con desprecio.
-No demasiada.- Contesta tajante mi amigo. Mientras se aleja le observo en silencio. Es mi mano derecha, mi hombre de confianza, pero en muchos aspectos creo que sigue siendo hermético. Vuelvo a encabezar la marcha y aceleramos el ritmo.
Para cuando llegamos todo está preparado. Hay muchas antorchas que iluminan el patio, pero nadie nos aguarda fuera, todos esperan dentro. Mando a mis hombres a vestirse adecuadamente a sus casas, mientras acompaño a Garel cuando deja a nuestro prisionero en las mazmorras.
-¿Por qué me lo has dejado a mí?- se atreve al fin a preguntar.
-Porque tú le intimidas, no intentará nada siempre que crea que tú serás más rápido.-Asiente.
Voy a mis aposentos a por un vestido pero no tardo demasiado en salir. Casi todos mis hombres están entrando en ese momento en el salón y sentándose en la mesa. Yo ocupo mi lugar al lado de la Regente, la Duquesa de Wox, la esposa de mi difunto padre, pero no mi madre, eso siempre se ha encargado de dejármelo muy claro.
-Bienvenidos caballeros y damas que habéis servido fielmente a los propósitos del reino de Kniss.-Todos aplaudimos.- Veo que la princesa Syra, es digna heredera del trono y digna hija de nuestro difunto rey.- Todos bajan la cabeza.- Bueno, todos a comer.- Da dos palmadas y comienzan a traer el primer plato, una sopa de pollo que nos sienta de maravilla. La velada transcurre relajadamente, ya que ninguno de los que acabamos de volver tenemos fuerzas más que para comer.
Cuando todos se marchan la Duquesa nos reúne en una sala aparte a mí y a Garel.
-Contadme lo que ha sucedido, el chico prisionero es demasiado joven para ser Orz.- Ambos asentimos.
-Ese joven es el único superviviente de su campamento, dice ser el príncipe Alec de Forald.- La Duquesa abre mucho los ojos.
-¿Crees que es el príncipe?
-En absoluto.-digo negando con la cabeza.- Un príncipe jamás diría lo que es, pues eso expondría a su reino.
Mis palabras parecen adecuadas para la Regente.
-¿Sabéis algo de Orz?
-No sabemos dónde está.- Se adelanta Garel.- Sólo sabemos que no estaba en el campamento. O huyó, o nunca estuvo.
La Duquesa digiere sus palabras y con un gesto de la mano nos indica que podemos irnos. Nos deslizamos por los pasillos y Garel me acompaña a mis aposentos. Nos abrazamos al cobijo de las sombras, siempre hay peligro de que nos perdamos el uno al otro. Cuando nos separamos le miro a los ojos.
-Garel, quiero que seas mi consejero.- Es una propuesta extremadamente atrevida, dado que es lo más cerca que puedo tener a un hombre, aparte de a mi marido.
-Al fin te has lanzado.- suspiro. Acepta y durante unos instantes permanecemos mirándonos a los ojos.
-Recuerdas qué fue lo primero que dijiste al conocerme.- niego intrigada.- Jamás serás mi esposo, jamás serás dueño de mi reino.-Me rio entre dientes y le pregunto qué respondió él.- Me conformo con ser el dueño de tu corazón.
Le miro con infinito amor y con unas ganas inmensas de besarle, pero con una leve reverencia nos despedimos.
Cuando consigo conciliar el sueño las palabras de Garel me acompañan.
Hoy el despertador me ha pillado aún dormida. Me pongo en pie de un salto, tratando de no caer de bruces contra el suelo. Lo primero que pienso es que hoy conoceré a la hermana de Éren.
Salgo de la tienda con un sonoro bostezo, que hace que todos mis hombres se giren a mirarme, incluido el prisionero. Le lanzo una mirada de desdén y me acerco al puchero donde se calienta alguna especie de caldo. Trago con desgana sin dejar de mirar al joven prisionero, que es interrogado por Garel. Observo todos sus movimientos, sus gestos, sus palabras. Dejo el cuenco a un lado y me acerco a él, me pongo de cuclillas, ya que está sentado en el suelo, sonrío amablemente.
-Así que el príncipe Alec.
-Príncipe Alec de Forald- afirma. Miro a Garel sonriéndole.
-Mira que suerte hemos tenido Garel, destruimos un campamento entero y casualmente salvamos a un príncipe.- comento con sorna, el prisionero lo nota y sus facciones pasan a estar a la defensiva.- ¿Qué nos podría interesar a nosotros de Forald?- cavilo en alto. Veo como el prisionero piensa algo rápidamente.
-Oro- una respuesta demasiado sencilla y común, pienso. Me pongo en pie y comienzo a lavar el cuenco que he usado. Tanto Garel como Alec me miran intrigados.
-Tengo oro- mascullo lo suficientemente alto para que el chico lo oiga.- Pero hay tiempo suficiente de aquí a casa para pensar en algo que me gustaría de Forald.
La verdad es que los caballos que encontramos en el campamento nos ayudaran a aligerar la marcha, probablemente esta tarde ya estemos en casa. Mando recoger el campamento y ordeno a Garel supervisor oficial del prisionero, cosa que no le hace ninguna gracia, pero agacha la cabeza, sumiso. Una vez está todo listo partimos hacia el castillo. Doy instrucciones a Saskia, mi guerrera más veloz y mejor jinete, de que informe a la Regente de Kniss de que llegaremos esta noche, con suerte podremos cenar en abundancia. Nos ponemos en marcha de inmediato. Me gusta cabalgar, notar el caballo bajo mi cuerpo me relaja, pero a la vez me hace sentir viva. Todos mis hombres parecen cansados, pero se les ilumina la mirada sólo de pensar en volver a casa. A sido una salida breve, pero todos tienen familias a las que echar en falta. Observo sus rostros, conozco cada uno a la perfección y no dudaría en dejar mi vida en manos de ninguno de ellos. Pero uno es más especial que los demás, Garel marcha con gesto orgulloso y desafiante. Me acerco a él sonriendo, cosa que hace que me mire indignado.
-¿Da mucha guerra nuestro principito?- Comento. Alec nos mira con desprecio.
-No demasiada.- Contesta tajante mi amigo. Mientras se aleja le observo en silencio. Es mi mano derecha, mi hombre de confianza, pero en muchos aspectos creo que sigue siendo hermético. Vuelvo a encabezar la marcha y aceleramos el ritmo.
Para cuando llegamos todo está preparado. Hay muchas antorchas que iluminan el patio, pero nadie nos aguarda fuera, todos esperan dentro. Mando a mis hombres a vestirse adecuadamente a sus casas, mientras acompaño a Garel cuando deja a nuestro prisionero en las mazmorras.
-¿Por qué me lo has dejado a mí?- se atreve al fin a preguntar.
-Porque tú le intimidas, no intentará nada siempre que crea que tú serás más rápido.-Asiente.
Voy a mis aposentos a por un vestido pero no tardo demasiado en salir. Casi todos mis hombres están entrando en ese momento en el salón y sentándose en la mesa. Yo ocupo mi lugar al lado de la Regente, la Duquesa de Wox, la esposa de mi difunto padre, pero no mi madre, eso siempre se ha encargado de dejármelo muy claro.
-Bienvenidos caballeros y damas que habéis servido fielmente a los propósitos del reino de Kniss.-Todos aplaudimos.- Veo que la princesa Syra, es digna heredera del trono y digna hija de nuestro difunto rey.- Todos bajan la cabeza.- Bueno, todos a comer.- Da dos palmadas y comienzan a traer el primer plato, una sopa de pollo que nos sienta de maravilla. La velada transcurre relajadamente, ya que ninguno de los que acabamos de volver tenemos fuerzas más que para comer.
Cuando todos se marchan la Duquesa nos reúne en una sala aparte a mí y a Garel.
-Contadme lo que ha sucedido, el chico prisionero es demasiado joven para ser Orz.- Ambos asentimos.
-Ese joven es el único superviviente de su campamento, dice ser el príncipe Alec de Forald.- La Duquesa abre mucho los ojos.
-¿Crees que es el príncipe?
-En absoluto.-digo negando con la cabeza.- Un príncipe jamás diría lo que es, pues eso expondría a su reino.
Mis palabras parecen adecuadas para la Regente.
-¿Sabéis algo de Orz?
-No sabemos dónde está.- Se adelanta Garel.- Sólo sabemos que no estaba en el campamento. O huyó, o nunca estuvo.
La Duquesa digiere sus palabras y con un gesto de la mano nos indica que podemos irnos. Nos deslizamos por los pasillos y Garel me acompaña a mis aposentos. Nos abrazamos al cobijo de las sombras, siempre hay peligro de que nos perdamos el uno al otro. Cuando nos separamos le miro a los ojos.
-Garel, quiero que seas mi consejero.- Es una propuesta extremadamente atrevida, dado que es lo más cerca que puedo tener a un hombre, aparte de a mi marido.
-Al fin te has lanzado.- suspiro. Acepta y durante unos instantes permanecemos mirándonos a los ojos.
-Recuerdas qué fue lo primero que dijiste al conocerme.- niego intrigada.- Jamás serás mi esposo, jamás serás dueño de mi reino.-Me rio entre dientes y le pregunto qué respondió él.- Me conformo con ser el dueño de tu corazón.
Le miro con infinito amor y con unas ganas inmensas de besarle, pero con una leve reverencia nos despedimos.
Cuando consigo conciliar el sueño las palabras de Garel me acompañan.
Hoy el despertador me ha pillado aún dormida. Me pongo en pie de un salto, tratando de no caer de bruces contra el suelo. Lo primero que pienso es que hoy conoceré a la hermana de Éren.
domingo, 12 de septiembre de 2010
La Hijas de la Luna- II
Capítulo 2
No tardo demasiado en salir de casa, pero como siempre, es demasiado tarde. Me echo la mochila al hombro y echo a correr hacia el autobús que, como cada mañana, se mantiene unos minutos con el motor encendido, esperando a que aparezca. Me siento atrás del todo y miro por la ventanilla. Hoy tengo mal cuerpo, creo que ha sido por el encontronazo de Syra con Alec, me pregunto quién será ese misterioso muchacho con aquella fría sonrisa. Me obligo a mí misma a pensar en el álgebra y mi mente se llena de pronto de números y más números. Repasando mentalmente la lección hemos llegado al instituto. No hay prisas por bajar, nadie quiere entrar. Un par de chicos están fumando en el muro exterior, yo entro sin mirarles. Camino automáticamente hacia mi aula y sólo cuando estoy sentada en mi mesa me doy cuenta de que soy la única. Un gran revuelo se ha formado en torno a la mesa de la profesora, a la que se oye pegar pequeños gritos desesperados. Me acerco con curiosidad, asomándome por encima de algunos hombros. Aún así no logro entender nada. Resignándome me apoyo contra el marco de la puerta y me dedico a observar lánguidamente mis uñas. Alguien se me acerca, sé quien es antes de que abra la boca. Levanto la vista hacia sus ojos verdes cuando una voz chillona me hace apartar la mirada.
-Es su hermana- grita Gwendoline- Es la hermana de Éren.
Miro al chico a los ojos y él me devuelve una amargada sonrisa. Todos sabemos de la hermana melliza de Éren, pero nadie nunca la ha visto. El chico me dice todo lo que piensa con la mirada, es fácil adivinar su desgana. Con Gwen es todo lo contrario, la chica brinca de júbilo, está más radiante que nunca. Cualquier cotilleo fresco es un alimento para la insaciable Gwen.
-Resulta que la trasladan de instituto, porque parece que en el otro no lograban sacarle todo el partido posible- Comenta mi amiga bajando la voz e imprimiendo en la frase un tono de fascinante misterio. Yo sonrío con ironía pero la profesora ya está chillando como una loca que nos sentemos en nuestro sitio. Se ha puesto roja y todos obedecemos. El examen se me hace interminable. Cuando al fin hemos acabado las clases tengo ganas de irme a casa, pero aún tengo que hablar con Éren. El chico está apoyado contra la pared del pasillo, yo me acerco, poniéndome a su lado. La trenza ladeada que llevo me molesta, pero no me apetece moverme, estoy bien así.
-No quieres que tu hermana venga ¿no?- pregunto. Él niega firmemente.
-Su sitio no está aquí.- Dice con cierta amargura.
-Piensa en positivo.- le animo.- Así conoceré a mi cuñada.
Poniéndome de puntillas le beso, pero él no responde a mi beso. Me separo.
-¿Qué ocurre?- digo buscando su mirada, él aparta los ojos.
-Es que no me apetece.- Susurra con desgana. Respiro para contenerme, sé que me ha mentido. De todas maneras vuelvo a besarle, apretando fuertemente mis labios contra los suyos, al final cede. Se oye un quedo “Te quiero” que no sé si surge de él o de mí, aunque probablemente sea de ambos. Nos quedamos unos segundos así, frente contra frente respirándonos. Me doy cuenta que lleva mi colonia favorita y eso me hace sonreír. Nos separamos, Éren tiene una sonrisa melancólica y me mira profundamente. Pongo una media sonrisa y me alejo. Gwen me hace señales a lo lejos, cuando llego a su altura me reprende por mi tardanza, pero en el fondo le encanta que me haya quedado con Éren.
Llevo toda la tarde atareada con muchos deberes, ya es la hora de que me vaya a dormir. Caigo en brazos de Morfeo con el recuerdo de la colonia de Éren.
Me despierto con las risas de mis hombres, prefiero eso mil veces al despertador. Garel entra en ese momento en mi tienda, él no ríe.
-El joven que sobrevivió ayer dice ser el Príncipe Alec.- Nos miramos y yo suelto un bufido irónico.
No tardo demasiado en salir de casa, pero como siempre, es demasiado tarde. Me echo la mochila al hombro y echo a correr hacia el autobús que, como cada mañana, se mantiene unos minutos con el motor encendido, esperando a que aparezca. Me siento atrás del todo y miro por la ventanilla. Hoy tengo mal cuerpo, creo que ha sido por el encontronazo de Syra con Alec, me pregunto quién será ese misterioso muchacho con aquella fría sonrisa. Me obligo a mí misma a pensar en el álgebra y mi mente se llena de pronto de números y más números. Repasando mentalmente la lección hemos llegado al instituto. No hay prisas por bajar, nadie quiere entrar. Un par de chicos están fumando en el muro exterior, yo entro sin mirarles. Camino automáticamente hacia mi aula y sólo cuando estoy sentada en mi mesa me doy cuenta de que soy la única. Un gran revuelo se ha formado en torno a la mesa de la profesora, a la que se oye pegar pequeños gritos desesperados. Me acerco con curiosidad, asomándome por encima de algunos hombros. Aún así no logro entender nada. Resignándome me apoyo contra el marco de la puerta y me dedico a observar lánguidamente mis uñas. Alguien se me acerca, sé quien es antes de que abra la boca. Levanto la vista hacia sus ojos verdes cuando una voz chillona me hace apartar la mirada.
-Es su hermana- grita Gwendoline- Es la hermana de Éren.
Miro al chico a los ojos y él me devuelve una amargada sonrisa. Todos sabemos de la hermana melliza de Éren, pero nadie nunca la ha visto. El chico me dice todo lo que piensa con la mirada, es fácil adivinar su desgana. Con Gwen es todo lo contrario, la chica brinca de júbilo, está más radiante que nunca. Cualquier cotilleo fresco es un alimento para la insaciable Gwen.
-Resulta que la trasladan de instituto, porque parece que en el otro no lograban sacarle todo el partido posible- Comenta mi amiga bajando la voz e imprimiendo en la frase un tono de fascinante misterio. Yo sonrío con ironía pero la profesora ya está chillando como una loca que nos sentemos en nuestro sitio. Se ha puesto roja y todos obedecemos. El examen se me hace interminable. Cuando al fin hemos acabado las clases tengo ganas de irme a casa, pero aún tengo que hablar con Éren. El chico está apoyado contra la pared del pasillo, yo me acerco, poniéndome a su lado. La trenza ladeada que llevo me molesta, pero no me apetece moverme, estoy bien así.
-No quieres que tu hermana venga ¿no?- pregunto. Él niega firmemente.
-Su sitio no está aquí.- Dice con cierta amargura.
-Piensa en positivo.- le animo.- Así conoceré a mi cuñada.
Poniéndome de puntillas le beso, pero él no responde a mi beso. Me separo.
-¿Qué ocurre?- digo buscando su mirada, él aparta los ojos.
-Es que no me apetece.- Susurra con desgana. Respiro para contenerme, sé que me ha mentido. De todas maneras vuelvo a besarle, apretando fuertemente mis labios contra los suyos, al final cede. Se oye un quedo “Te quiero” que no sé si surge de él o de mí, aunque probablemente sea de ambos. Nos quedamos unos segundos así, frente contra frente respirándonos. Me doy cuenta que lleva mi colonia favorita y eso me hace sonreír. Nos separamos, Éren tiene una sonrisa melancólica y me mira profundamente. Pongo una media sonrisa y me alejo. Gwen me hace señales a lo lejos, cuando llego a su altura me reprende por mi tardanza, pero en el fondo le encanta que me haya quedado con Éren.
Llevo toda la tarde atareada con muchos deberes, ya es la hora de que me vaya a dormir. Caigo en brazos de Morfeo con el recuerdo de la colonia de Éren.
Me despierto con las risas de mis hombres, prefiero eso mil veces al despertador. Garel entra en ese momento en mi tienda, él no ríe.
-El joven que sobrevivió ayer dice ser el Príncipe Alec.- Nos miramos y yo suelto un bufido irónico.
Recuerdo al 11-S
Hoy es un día para el recuerdo. Hoy recordamos a toda la gente que murió, fueron personas inocentes que murieron por la ambición de unos y el extremismo de otros. Pero tras nueve años creo que hay que mirar hacia delante, así que este año me gustaría lanzar un mensaje positivo, un mensaje de esperanza. Es esa la razón de la imagen, la flor es símbolo de resurgimiento, primero es un capullo, encerrado en si mismo, pero se abre, se sobrepone, y el verde es el color de la esperanza y de la vida. Ahora toca recordar pero avanzar. Un ejemplo de un paso adelante es mostrar que la tolerancia y la moderación es la única manera de convivencia de todas las culturas y religiones. Van a abrir una mezquita a dos manzanas de la zona cero, esta mezquita quiere significar una unión entre el islam y EE.UU. Puede que sea una buena manara de dar ese pequeño pasito.
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